A pesar de la explosión masiva de energía del Tea Party, parece más probable que los republicanos nominen a Mitt Romney, el principal candidato, el hombre que ya corrió una vez, el ex gobernador que esperó su turno para ser abanderado.
Este es un patrón familiar para una organización práctica y jerárquica, el mismo que eligió George H.W. Bush, Robert Dole, George W. Bush y John McCain. (Los demócratas, por el contrario, generalmente nombran a un outsider: John Kennedy, Jimmy Carter, Bill Clinton, Barack Obama).
Sin embargo, algo cambió en el partido republicano. Se puede ver en los ataques hacia Romney. Es retratado como un magnate de manejo de capital que compra empresas, las vacía, terceriza los trabajos y paga 15 por ciento en impuestos.
En lugar de celebrar el trabajo de Romney y verlo como un ejemplo de cómo funciona el mercado –expulsando la ineficiencia, generando productividad, creando una ligera y robusta máquina capitalista– los otros candidatos republicanos lo están criticando.
Incluso en el partido republicano, las personas entienden que la máquina estadounidense de empleos simplemente no está funcionando. El proyecto Hamilton estima que incluso si la creación de empleos se duplicara, desde la tasa de julio del año pasado de 117 mil por mes a la tasa de 208 mil puestos de trabajo generados mensualmente a lo largo de 2005, todavía se demoraría hasta el 2024 para cerrar la brecha abierta por la recesión.
Este problema empezó hace un tiempo. Durante la última década los incrementos de empleos estadounidenses fueron igualados por las pérdidas de los mismos. En pocas palabras, no hubo un aumento neto de puestos de trabajo.
Durante los años de la administración de George W. Bush, el crecimiento del empleo fue casi totalmente impulsado por el crecimiento en el gobierno, la salud y el auge masivo de los bienes raíces residenciales. Desde 2001 a 2007 la inversión en equipos y software –los tipos de inversiones que aumentan la productividad y crean puestos de trabajo– se redujeron un 15 por ciento como parte del producto bruto interno.
Si bien la recuperación actual es anémica en términos de número de empleos creados, tiene una base más amplia y duradera. La inversión empresarial está aumentando, habiéndose disparado un 18 por ciento desde finales de 2009.
La industria manufacturera se recuperó más rápido que otros sectores, sumando 334 mil empleos en los últimos dos años. Las exportaciones están creciendo a una tasa anual de un 16 por ciento, lo que significa que las exportaciones estadounidenses deberían duplicarse antes del 2014, meta que el presidente Obama estableció en 2009.
La productividad laboral de EU es ahora la más alta dentro del grupo del G 20, y este aumento significa que en Estados Unidos los costos laborales unitarios han disminuido más que en cualquier de los países del G-20, excepto en Taiwán.
¿Por qué sucede esto? A consecuencia de la recesión se redujeron los costos, y eso llevó a que el mercado laboral estadounidense sea más competitivo. Los costos del transporte aumentaron, por lo que la “internalización” se ha vuelto más prudente. El auge del gas natural está impulsando el crecimiento del empleo.
Pero EU se está convirtiendo en un lugar más atractivo para invertir porque el gobierno ha estado realizando inversiones claves en infraestructura, capacitación, e investigación y desarrollo que han animado a las empresas a zambullirse.
Andrew Liveris y Jeffrey Immelt, jefes ejecutivos de Dow Chemical y General Electric respectivamente, son sinceros acerca de los pasos que los gobiernos extranjeros deben tomar para crear incentivos para la inversión. De hecho, el gran ganador de esta recesión fue Alemania. Enfrentó una caída tan dramática como todos los demás. El producto bruto interno de Alemania se redujo más que el de Estados Unidos en 2008, y sin embargo su tasa de desempleo repuntó rápidamente.
El éxito de Alemania tiene muchas explicaciones, pero como detalla Elizabeth Jacobs en un nuevo artículo de la Institución Brookings, las políticas de gobierno que crearon incentivos para que las empresas piensen a largo plazo, valoren a sus empleados e inviertan en capacitación ayudaron mucho.
El sistema alemán proporciona incentivos para capacitar a los trabajadores y mantenerlos empleados; en cambio, el sistema estadounidense hace hincapié en la flexibilidad, en la capacidad de contratar y despedir, y en mantener los salarios bajos.
Jacobs señala que, en un mundo lleno de mano de obra barata, los países ricos están mejor con los trabajadores altamente calificados, elaborando productos de alta calidad, con un enfoque de crecimiento a largo plazo, y la estabilidad social. En otras palabras, el sistema alemán podría ser una mejor opción para el mundo globalizado.
Cuando se les preguntó a los republicanos cómo crearían puestos de trabajo, simplemente hablaron sobre la reducción de impuestos, las regulaciones y de mantener al gobierno a un lado. Sí, es importante tener políticas de impuestos competitivas y regulatorias. Pero las lecciones desde Asia oriental hasta el norte de Europa sugieren que las políticas gubernamentales y la inversión pueden desempeñar un papel vital en la provisión de incentivos para el sector privado.
Si los republicanos quieren ser prácticos, podrían aprender de esto.
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(c) 2012, The Washington Post Writers Group
Foto: AP
Lo De Hoy - Lecciones económicas para EU
Lecciones económicas para EU
La pasión no es suficiente para cambiar al partido republicano. El buen manejo de factores como la generación de empleos y la productividad laboral, es clave para la contienda presidencial.
Por Fareed Zakaria
25/01/2012 -
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